Sábado y al parque

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El parque siempre te depara sorpresas. Y las fuentes suelen ser una de ellas. No sé…quizá el metal con el que están hechas, el agua, sus brillos…el ahora estoy exhuberante de contrastes y ahora seca y plomiza…No sé…Me lo tengo qué mirar…no es normal que me gusten tanto las fuentes…

De puta madre

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De puta madre. Es viernes. Me importa una mierda la previsión del finde. Sea cual sea, es de puta madre que sea viernes.

Jueves primaveral

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Los jueves son la antesala del verano, que es el viernes. Son un atardecer pausado. Son el momento de parar, saltar de la rueda de la semana, y permitirse el lujo de observar las cosas con tranquilidad, con la madurez del anciano, la fuerza del adulto, y la vista puesta ya en el final de semana como los jóvenes.

Los jueves tienen su luz particular, y suelen ser días teñidos de naranja cobrizo.

Miércoles y subiendo

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A tope. Con los motores calientes y completamente lanzado. El miércoles se perfila como el día en el que aún no atisbas el fin de semana para comenzar a cansarte, y la semana ya la llevas controlada (no a nivel éxito…puede darse el caso de estar al borde del suicidio, pero a miércoles ya sabes si te cortas las venas o cometes un asesinato…).

Grande. El miércoles es un gran día. Tiene una luz particular.

Odio los martes

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El martes siempre me ha parecido un día sórdido, oscuro y deprimente. Mucho más que el lunes, tan denostado por muchos. Ni te pilla con la cabeza lista para encajar la semana, ni rodada para saberte a medio camino…Te pilla en pelotas. Me parece odioso. Yo odio los martes.