M&C-26

M&C-26

Rosalie me hizo sentir como una isla desierta a la que llega un barco, desembarcan doscientos pasajeros hambrientos de todo, arrasan con lo que encuentran, y abandonan el islote sin el menor prejuicio, sin el menor atisbo de reponsabilidad.

Rosalie me vació y me dejó, de nuevo solitario y en medio de la nada, sin entender qué había ocurrido.

M&C-25

M&C-25

Cuando lloraba siempre trataba de encontrar un motivo. No soportaba la idea de llorar sin sentido. Pero al final me acostumbré y me dejé de contratos sociales y hacer lo que se esperaba de mí. No tenía por qué explicar todo. Si lloraba, lloraba, y dejarme llevar por la angustia y dejarla salir me teminaba relajando.

Solía quedarme tumbado en la alfombra, desconsolado y con las mejillas sucias de la borra de la alfombra y el suelo. A veces me despertaba en posición fetal. Otras, sencillamente, me levantaba ya llorando de nuevo.

Pero ya no tenía que explicar nada a nadie. Ni a mí mismo. Lloraba porque sí, y eso era liberador.

M&C-24

M&C-24

Hacía bastante que no escuchaba música con los auriculares, y me agradó la sensación de sentir el estéreo bailando entre mis orejas al ritmo de no recuerdo qué melodía, tumbado en la arena a las doce menos veinte de la noche, descalzo, y aún medio grogui por los Martinis de la tarde.

M&C-23

M&C-23

M&C-22

M&C-22

Sé que la venta de humo cada vez es más habitual, y que es fácil conseguir enredar a los chavales. Terminan por perder la cabeza con majaderías del tipo “sólo se vive una vez”, “carpe diem”, “disfruta el momento”.

Eso, junto a los neoliberales de turno que lo justifican todo, terminan por joder la marrana y provocar auténticos desastres en las mentes adolescentes que les escuchan.

Seamos serio. Nos jugamos mucho. Las reglas son las reglas, y quienes alardean de romperlas en beneficio de las libertades, terminan por ser después auténticos dictadores manipuladores con objetivos materialistas bastante bien definidos.

La verdadera libertad consiste en entender el juego y no dejar que te embauquen con falacias fariseas prometiéndote el oro y el moro.

La verdadera libertad, de hecho, creo que no existe.