Soledad en mp3
Llega la noche y yo la espero con ganas, porque la quiero a matar, porque me rescata del trajÃn del dÃa y me lleva en compañÃa de la soledad. Nos solemos quedar hasta las dos o las tres de la madrugada. Nos quedamos los cuatro: la noche, la soledad, mi mp3 y yo.
Al final me siento como arropado por ellos tres, y termino cayendo desfallecido, rendido ante mis propios recuerdos de mà cuando tenÃa dieciocho años, cuando me tiraba en el suelo por la noche, apagaba la luz, encendÃa la cadena de música, y me ponÃa unos auriculares de cable muy muy largo. Allà sobre la alfombra me dejaba llevar por la música, sin pensar en nada más que no fuese la soledad.
Ahora hago lo mismo, solo que menos a menudo. Ha variado la tecnologÃa, pero parece haber quedado el poso de aquellos dieciocho en algún sitio en mi cerebro, estancado de forma permanente, y a veces lo uso de refugio para huir, de modo descarado, de una vida atropellada que estoy obligado a vivir.
