M&C-15
Yonqui perdido y con una chuta más cargada de la cuenta, Philippe se clavó la punta de la aguja en una de las venas de su mano. Inyectó. Se le quedaron los ojos en blanco. Las fuerzas desparecieron y sus músculos cedieron ante la fuerza de la gravedad. Cayó despacio, como arrodillándose pidiendo perdón. Los esfÃnteres se relajaron y se orinó encima. Aún con aliento en la boca, acertó a susurrar…”Mierda de vida de mierda…”.
Se desplomó como una hoja mecida por el viento. Ya no tenÃa fuerzas ni para morir. Pero tampoco tenÃa razones para vivir. Se fue igual que vino. Por la puerta de atrás. Sin ruido. Sin fanfarria. Sin pena ni gloria.
