El agua es una lágrima escasa
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De los parques siempre me han atraÃdo dos cosas. Una de ellas son las fuentes secas. Tienen ese imán indefinible que hace que me quede absorto, mirándolas, y suelo tender a mirar la boca de la fuente, esperando esa gota que no sale. Siempre (no se debe ser absolutista, pero estarÃa cerca del siempre por estadÃstica) que hay una fuente seca, suele ir acompañada de hojarasca, ramas viejas, a menudo tierra. Y todo ello me evoca, de una forma tan potente que termino casi viéndola, esa gota que queda en tensión en el morro del metal, que ni sabes cómo se agunata, que no cae, y que queda descolgada, como una lágrima que no baja. Pero nunca está. La fuente está seca.
